Fierro curvo (órbita poética)

1985

 


 

Deus otiosus (ars pœtica)

 

Tiempo de los orígenes.

Instalación del universo en un perímetro difuso.

El mundo llama; la ronquera se disipa.

Y vaga, como un milagro, sólo que humano el individuo

y acumula las visiones del espanto

y las del sueño, las visiones de las calles recorridas

en un vaivén de olas silenciosas

ordenando el paisaje acumulado

con la fuerza del que todo lo posee:

exaltación al grado del delirio, chispa, odio,

en cualquier forma, confundible

con los astros en la noche.

Y unos pocos perfiles estrenados

estallan y dan paso a la contemplación

abriéndose las vísceras, hincándose ante el Sol:

 

tú, Solecito, que te asomas,

funda con la sangre que arrojas una fuente de entrega

hacia la libertad del amor, que donde reine la sombra

pongas tu luz, y donde reine el silencio

abolición de los estados naturales

que flotan en el aire enrareciéndolo, y el corazón

se reduce a la pompa de un reflejo involuntario.

 

Exaltación con las marcas en el cuerpo

y en la memoria, y un flujo incontenible

de palabras limpias

llenen al individuo de materia divina

como el agua en la acequia sin la sal interminable

y pueda volver a mí, a ver qué cuenta,

qué pelos se le han caído,

dios ocioso, tacañísimo,

incapaz de valerse por sí mismo.

 


 

M.

 

Cuando la tarde

arrastra los corazones solitarios de los jóvenes animales que deambulan enloquecidos

por un margen de error,

cuando vuelca a arrojarse en el jardín y una única pregunta resuena en los oídos: ¿será o no será?

y el sol se tira de cabeza al mar y enrojece los corazones

de los tímidos muchachos, fieras abandonadas al fuego de su imaginación

que estalla como un helicóptero iluminándolo todo,

ardiendo por el beso reprimido, la caricia involuntaria

que lleva a la certeza del siguiente día, a la virtud de la noche

para ensayar en otros cuerpos el zarpazo final: el amor

loco y disperso como sus cabellos, esa hierba

que se hunde en los pulmones inundando con su olor toda palabra, mágico rito de la creación,

el viento anaranjado que raspa las caras

y brillan los ojos, y todo se sabe ya. Es sólo cuestión de tiempo.

 

Y cuando la tarde

húmeda y triste como esos muchachos se pega en la pared del edificio

y todo ha vuelto hacia el estado natural, la muchacha se aleja pensativa

y el muchacho la observa, ¿será o no será?, y le empaña las mejillas,

pero ella no está, se hundió en el sol, se evaporó en la hierba,

Oh los abrazos mantenidos en secreto, Oh las lenguas, los silencios,

embriagado ya de noche el animal corre hacia el mar y junta arena

para escribirle este imposible pero inútil

poema de amor.

 


 

Canción a una limeña

 (vals)

 

De repente es inútil este idioma. Dirás que te he olvidado

y cerrarás los lugares desiertos, la casa

descascarándose de frío, y tú misma

acaso empieces a tocar

pequeña al principio, blanda luego, una vegetación

húmeda y olorosa donde puedas echarte

a conversar mansamente con las hojas

que habrán crecido en tu pelo. Tendrás las manos tibias

y una pálida certeza de que todo empieza. Y tu vestido

donde tantas, imposibles veces me escondía

comenzará a oscurecer al fondo del ropero

tímido ante tu peinado, cada vez que te embellezcas

luminosa en el espejo cuando alguien te abraza

e imaginas sin dolor estos dedos

agachados y dulces con tus cartas, entrenados para tu delicia

vuelta a tu boca con las frutas del verano

y pasearás dibujando en la arena ese nombre al que

acostumbrada

esparcirás tus ramas, zurcirás otro vestido, y

quién sabe

comiences a sembrar un árbol para cuando llueva.

 

Así dirás que te olvidado, y será cierto

porque más fuerte olvida el que recuerda y no ama

que el que no ama ni recuerda

las letras de un idioma verdadero.

 

 


 

Dante y Virgilio bajan por el infierno

 

El lugar del descenso que nos toca

agrio es asaz, y el guarda allí presente

Inferno: XII, 1

 

 

(Las barandas amarillas,

el retrato de su hermana.

 

La sangre chorrea por las escaleras

y las almas como grumos

se cocinan).

 

"Vamos", dijo el Maestro,

"éstas que aquí ves

ánimas son de los que en la película

violentos y brutales

se mostraron".

 

(El humo y el hedor se mezclaban con los gritos

de los condenados).

 

¿Cómo?, le dije, y tosí.

"Aquí están Cornetto y Pazzo, y ése

de más allá, por si aún

no lo has reconocido, es nada menos

que el hijo de una loca

cubierta de una Res Imbécil...".

 

Y una sombra

más fuerte que el olvido

(medialuna las armas de su frente)

se aproximó a nosotros

(pisadas parecidas al click clack

de una cassettera malograda).

 

"¡Alto!", gritó.

Y puso su boca pestilente en mi cara

alumbrándome las fosas nasales

de una fortaleza inocente.

"Papeles, señores".

(¿Y qué papel mostrar?

¿Poetas?

¿O ese sello en la nariz

asemeja una aureola?).

 

"Bueno, bueno. Circulen...".

(Oh, Poder de la Palabra

en un reino de mudos.

Tú nos libras como una espada

dispuesta entre los muslos

y tu imagen

se asoma en nuestra boca

escupiendo lágrimas

fragantes).

 

Caminando

traté de recordar

unos labios
una voz
un nombre:

 

- ¿Cómo está Beti?

 

(La neblina

empezaba a enroscarse en nuestros pelos).

 

"Bien; ahí anda,

tan bella como en su retrato.

Dice que te va a escribir".

 

Pero el horror

se acumulaba en la medida en que ingresábamos

en nuestros dulces pero tristes sentimientos

un horror como de fábrica

con cristales de vitrina

y cielo morado indefinido

un horror como de días reducidos

a una equis sobre el calendario.

 

"Te va a escribir", las almas bramaron. Y mi Guía

las secundaba.

Sólo a lo lejos

el Minotauro nos seguía con ojos desconfiados.

"Te va a escribir". Pero desde la Muerte,

¿quién escribe?

¿Quién que sólo me espere

para una estúpida Contemplación, las llaves de una memoria apolillada,

puede espantar la presencia

de esta Caverna monstruosa?

 

"Bah", dijo el Maestro. "Pequeñeces.

Apura el paso y aguanta la respiración, que aún hay más".

 

Y una cinta mal proyectada, sobre un raído ecran,

la imagen de un cuerpo bellísimo, sobre un raído sueño

cosido a las almas con un estilete

pasan por el charco hirviendo, a nuestro lado, y nos salpican.

 

¡Maestro!, grité, ¡Ayúdame!

 

Pero él sólo sonrió.

"Estúpido.

¿A qué te metes en ridículo

negocio?".

 

Y frotó su saquito

y desapareció en la multitud.

 


 

Cuismancu

 

 

"...Cuismancu soy. Cacique del valle. Siembro y reparto la siembra,

atestiguo asesinatos, me distribuyo en fiestas, presido

funerales. Juego con los brujos la función de mis antepasados, y así

sucesivamente

mientras vago, pienso,

deliro, sueño, sacrifico

animales y los dioses me prefieren

a todos mis vecinos, soy el rey, el rey

ordenador, embajador del cielo, intérprete de Rimaq,

hijo de Pachakamaq, padre y finalmente sujeto

a una extraña certeza...

 

Vendrán otros hombres, gente de la montaña, y mis dioses no serán queridos

y mi pasto acabará quemado, todo se infectará

con aguas negras, no comeré más perro, me pondrán a deambular

con mis vestidos ahora

baratijas, piedras, grabadoras, ah presentimiento

de un paisaje en que las huacas aturdidas

no se levantarán

y sin embargo no será todavía

el tiempo sin tiempo sino el tiempo

de las zonas frías

los canales abrirán heridas

al desierto, y desde el Templo

al norte los ríos reflejando la luz

se inclinarán al Sol

habrá pacto

lo Visible

y lo Invisible

rotarán como el día

y la noche, y la vida con su interminable

paso escuchará los oráculos, resolverá

consultas, en las colas

mis hermanos subiendo a los micros

peinarán la cabeza de sus hijos

con la verdad del único

pasado memorable de estas tierras

 

¿Quién vive? ¿Quién viene que huyó cuando el mundo se deshizo, todo se corrompió,

el universo entero

arrastró en su secreto la visión de este orden?

 

Soy yo. Cuismancu regresado

de arriba, del Norte, del Sur, de abajo y de adentro

del Infierno apestando

me corren de las calles, vivo en los cerros

mirando el exceso estadístico

de construcciones deformes que hablan

de un dios que no se parece

en nada a sus palabras, de un valle pisado

por cuero y metal, caballos motorizados que son hijos

del Error, su espada al cinto, la fusta

como un ángel que dicen con su dedo de fuego

señalando la esquina, la mixtura

de una rutina encarcelada entre el parque y su feria

y el polvo alucinado regresando a los suburbios.

 

Mis sitios arriba confiando en la fuerza de las piedras

dispersos por espacios infinitos miran hacia acá,

Qawillaqa esculpida en el mar, valle del Templo,

arenal donde las rubias asolean

sus enormes caderas brillantes

Y su Poder

será el Poder

que hasta hoy nos lastima.

Esas piedras

caerán por su peso

y un huayco

fundará con sus venas

chorreando un cuadro del crepúsculo

tamaño natural, cactus y jora,

 

al tiempo que probamos sus cerebros

y el Orden se construye

como el viento que dibuja en las arenas el sonido del mar

su canto enfermo

la venganza

de todo lo que significa

la pérdida del Reino...".