¿Criollismo peruano versus administración española?

Posición criollista del virrey Montesclaros (1607-1615)

 

Pilar Latasa Vassallo

Universidad de Navarra, SPAIN

 

El siglo XVII americano es el de la consolidación de la mentalidad y reivindicaciones criollas. En el Perú, junto con un proceso de asentamiento administrativo, económico y social, se detecta desde finales del siglo XVI un desarrollo de la identidad criolla . A comienzos del siglo XVII aparecen ya configuradas de modo definitivo las grandes líneas del criollismo peruano, que constituyen lo que Lavallé denominó "protocriollismo" . Las reclamaciones propias del criollismo chocaron en ocasiones con los intereses de la administración metropolitana, que no dejó de ver con recelo el afianzamiento social y económico de dicho grupo.

Este trabajo pretende ser una aportación al estudio de este conflicto colonial a través del análisis de la postura que mantuvo hacia las aspiraciones criollas un importante representante de la alta burocracia peruana, el virrey marqués de Montesclaros (1607-1615). En cuanto "alter ego" del monarca, al virrey le correspondía una función neutral, de árbitro, entre los distintos estamentos sociales. Sin embargo, en el caso de Montesclaros, su prolongado gobierno americano &endash;cinco años en el virreinato novohispano y siete en el peruano-, junto con su destacable interés por conocer de cerca los problemas indianos, cuya principal manifestación fue sin duda su visita a las minas de Huancavelica, le convierten en un virrey muy próximo a la realidad americana, que alcanzó un alto grado de compenetración con los intereses criollos, en ocasiones, incluso frente a disposiciones metropolitanas que no los favorecían. El estudio pormenorizado de su gestión al frente del virreinato nos ha permitido detectar esta actitud, proclive al criollismo, en tres facetas de su gobierno, muy diversas entre sí: la distribución de mercedes y provisión de oficios, la aplicación de la legislación sobre parentescos en la burocracia colonial y la sustitución del clero regular por el secular en las doctrinas de indios.

 

Distribución de mercedes y provisión de oficios

Una de las principales atribuciones de los virreyes indianos, delegada por los monarcas castellanos, era la distribución de mercedes &endash;rentas, encomiendas y situaciones- y la provisión de oficios públicos dentro del territorio que estaba bajo su jurisdicción. Dicha competencia respondía al convencimiento de que los funcionarios indianos, en este caso los virreyes, estaban mejor capacitados &endash;por el contacto directo con los problemas y personas del lugar- para valorar los méritos de los españoles residentes en Indias .

La legislación indiana especificaba que se debía preferir en el reparto de estos "aprovechamientos" y en la provisión de estos oficios a los españoles que vivieran en aquellas provincias. Esta prelación es, según ha demostrado Lavallé, una de las reivindicaciones esenciales del protocriollismo: los nacidos en América debían ocupar con prioridad los empleos del virreinato y ser los únicos beneficiarios de las rentas del país .

El marqués de Montesclaros recordaba este principio a su sucesor en la Memoria redactada al final de su gobierno peruano, al tiempo que le advertía de la "mucha nobleza y buena sangre de caballeros" que tenían los españoles residentes en el virreinato . Al utilizar estos términos el marqués estaba afirmando implícitamente que los principales receptores de este tipo de concesiones pertenecían a un grupo bien definido de la sociedad colonial peruana de comienzos del siglo XVII, el de los beneméritos o descendientes de antiguos conquistadores y pobladores. La defensa de las pretensiones de esta elite criolla fue una constante durante su gobierno peruano .

El virrey se vio pronto abrumado por una fuerte demanda de gratificaciones en rentas y encomiendas. Pasados tan sólo 14 meses de su gobierno ya le habían presentado instancias de este tipo más de 500 beneméritos. Reconocía que "aun quitando las horas del descanso común" no había conseguido hojear más de 200 expedientes . Para agilizar este trabajo encargó a sus secretarios la tarea de recoger de forma sistemática el contenido de estas solicitudes. El resultado fue una serie de memoriales de un enorme interés para el historiador por tratarse de una documentación poco frecuente, a pesar de que el problema de los pretensores fue una constante preocupación de los virreyes indianos. Sin duda el hecho de que Montesclaros se preocupase de recabar esta información denota ya una voluntad de atender estas solicitudes .

Sin embargo, en su apoyo a las pretensiones económicas de estos criollos peruanos, topó con la creciente utilización de las encomiendas indianas por parte de la Corona para recompensar servicios de personas residentes en España . Dicha práctica suponía un recorte de las competencias virreinales en esta materia y conllevaba el que los virreyes no pudieran favorecer a los beneméritos, gente que, en palabras de Montesclaros, "tanto ama a V. M. sin averle visto y le sirbe a tanta distançia con entrañable fidelidad" , frente a personas que no hubieran servido en el virreinato .

Esta política causó un profundo malestar en el seno de la sociedad peruana. Prueba de este descontento es la determinación adoptada por el cabildo de Lima, en la sesión del 28 de abril de 1608, de alentar a todas las villas, ciudades y lugares del virreinato a que escribieran al monarca manifestándole su desaprobación por esta política de gratificaciones en penisulares . A este intento responde probablemente también la redacción de un alegato en el que los procuradores de las ciudades y villas de la provincia de Charcas exponían cinco razones por las que las encomiendas de indios se debían dar sólo a los beneméritos .

Con motivo de la concesión de la encomienda de Tapacari a un noble castellano, Montesclaros manifestó de nuevo al monarca "los grandes inconvenientes" que para la futura subsistencia del virreinato resultaban de enajenar a los criollos estas rentas y encomiendas "proveyéndolas en personas que no asisten ni han servido en estas provincias". Lamentaba que, a pesar de ello, continuamente se despacharan cédulas de ese tipo que le situaban en una posición comprometida, entre la obediencia a las leyes, "mandándome las cumpla con palabras muy apretadas que obligan a estar con este cuidado", y las demandas de los beneméritos .

Ante esta disyuntiva el virrey optó por favorecer a los criollos eludiendo en lo posible el cumplimiento de las cédulas de gratificación enviadas desde la península. Así lo hizo, por ejemplo, en el caso de Gerónimo de Portugal y Córdoba, general de la Armada de Guarda de la Cámara de Indias , a quien retrasó siete años la aplicación de una cédula por la que Felipe III le otorgaba merced de 3.000 pesos de renta en indios vacos del virreinato. En efecto, aunque al recibir la cédula de merced "Su Excelencia, vista la obedesió con el acatamiento debido, quitada la gorra y la puso sobre su cabeça como a cédula y provisión de su rey y señor natural", lo cierto es que en la práctica no la ejecutó sino que presentó al monarca sus objeciones en las que, de nuevo, insistía en lo conveniente que era para "el consuelo y bien universal" de los hijos, nietos y descendientes de conquistadores y pobladores, que habían servido y servían a la Corona con la esperanza del algún premio, el que se encomendara en ellos las rentas disponibles del virreinato . Como era de esperar, fue inmediatamente amonestado por este comportamiento ; a pesar de ello tardó cinco años en hacer efectiva la merced .

Además de resistirse a conceder estas gratificaciones a peninsulares, Montesclaros se las arregló también para premiar a bastantes beneméritos . Un ejemplo de ello es la adjudicación de 1.800 pesos de renta por dos vidas en el repartimiento de Viache al criollo Cristóbal de Vega y Acuña, nieto del virrey Blasco Núñez de Vela . Dicha concesión fue criticada desde la metrópoli por entenderse que era competencia del monarca la gratificación a virreyes y a sus descendientes. El marqués defendió no obstante sus atribuciones en esta materia .

En su reiterado apoyo de los derechos de los beneméritos frente a los de los no residentes en el virreinato , Montesclaros lamentó que el principal perjudicado por esta errónea política metropolitana fuera el propio virrey al quedar los criollos "desconsolados y mal afectos del govierno" hasta el punto de hacérseles "odiosa" la figura del delegado del monarca por entender que era él quien dilataba las concesiones .

Para paliar esta falta de coordinación con el Consejo de Indias, el marqués planteó la necesidad de enviar periódicamente desde el Perú información sobre el estado de las rentas disponibles para estas mercedes así como relación de las concesiones hechas por el virrey . Pero sus propuestas apenas tuvieron consecuencias prácticas y la adjudicación de encomiendas a personas no residentes en el Perú se practicó de forma creciente durante todo el siglo XVII .

Ante la dificultad para disponer de rentas y encomiendas con las que remunerar a las personas residentes en el virreinato, la provisión de oficios fue utilizada para cubrir esa demanda de gratificaciones. La documentación demuestra que Montesclaros situó a muchos criollos en cargos menores cuya designación le correspondía e incluyó a muchos otros entre los candidatos propuestos al monarca para puestos civiles y eclesiásticos de provisión real . Tal actitud es compatible, según quedó ya demostrado, con la existencia de un clientelismo propio de los gobernantes indianos que le llevó a colocar a numerosos criados y allegados en puestos administrativos .

El marqués entendía que la adjudicación de plazas de la administración a los naturales del virreinato era muy beneficiosa porque alentaba a los criollos a seguir estudios universitarios . Por el mismo motivo, era totalmente partidario del sistema de oposición vigente para plazas de cabildos eclesiásticos indianos . Las leyes estipulaban que en estos ejercicios fueran preferidos los candidatos criollos frente a los peninsulares, lo cual constituía un importante incentivo para que el clero criollo mejorase en calidad y preparación . En este contexto debe comprenderse también su interés por la formación académica de los criollos, puesta de manifiesto, por ejemplo, en el apoyo prestado a la labor docente de los jesuitas de Lima .

 

Parentesco y clientelismo

La prohibición de que los magistrados indianos y sus hijos se casaran en los distritos donde ejercían sus oficios se remontaba al último cuarto del siglo XVI. Con ella se trataba impedir que estos funcionarios contrajeran relaciones de parentesco, que empañaran el recto ejercicio de su oficio, en una sociedad donde los lazos familiares tenían una enorme fuerza y daban lugar a importantes conexiones políticas y económicas. Sin embargo, a pesar de esta política de aislamiento, diversos estudios han puesto ya de manifiesto la frecuencia con la que estos funcionarios se emparentaron con la elite criolla, proclive a su vez a fusionarse con este prestigioso grupo social .

En coherencia con esta política metropolitana, Montesclaros se mostró partidario de evitar estas estrategias matrimoniales entre los miembros de la Audiencia de Lima y la elite criolla. Entendía que, aun en el caso de que los jueces consiguieran actuar de forma imparcial, siempre cabría el riesgo de que los pleiteantes descontentos atribuyeran una sentencia desfavorable a estas influencias .

Sin embargo, cuando se descubrió que los tres alcaldes de la Audiencia de Lima habían contraído parentescos de este tipo, Montesclaros actuó con una sorprendente flexibilidad. Sólo fue partidario de trasladar de distrito a Alonso Bravo de Sarabia, criollo peruano, que tenía en Lima una hermana, sobrinos, criados y deudos a los que ayudaba abiertamente. No tuvo en cambio inconveniente en permitir que los otros dos continuaran ejerciendo sus cargos. En el caso de Alberto de Acuña la razón fue su valía como persona y como jurista , que compensaba &endash;desde el punto de vista del virrey- el que se hubiera casado dos veces en Lima y el que su actual mujer fuera además encomendera en ese distrito y el de Charcas. En el caso de Merlo de la Fuente, su matrimonio con una limeña no era un impedimento para la recta administración de justicia ya que la familia política era poco influyente . Siguiendo esta tónica de tolerancia, poco después alegaría motivos económicos a favor de la licencia que el oidor Juan Páez de Laguna había solicitado para casar al mayor de sus hijos en el Perú .

La permisividad hacia estas estrategias matrimoniales favoreció sin duda el que en 1614 Montesclaros se viera obligado a reconocer que todos los magistrados de la Audiencia limeña estaban emparentados con criollos del virreinato. Sin embargo, sorprende que en esta ocasión el virrey se limitara a recordar de forma genérica el clientelismo que de estos lazos familiares podía derivarse sin hacer ninguna propuesta para tratar de solventar la preocupante situación . Curiosamente esta contradicción la encontramos también en uno de los afectados, el oidor Juan de Solórzano Pereira, casado con una hermana del encomendero Antonio Paniagua de Loaysa , quien poco años después dedicaría un capítulo entero de su famosa Política indiana a condenar los parentescos que los miembros de las Audiencias indianas contraían en sus distritos .

La pasividad de Montesclaros no implica, como se ha visto, una falta de preocupación hacia las nocivas consecuencias de estas estrategias matrimoniales. A estos inconvenientes se refería de forma irónica cuando en uno de sus últimos despachos afirmaba tener experiencia de que en Indias "raras veces deja de luçir una sola gota de sangre" y advertía que los criollos sólo daban a sus hijas en matrimonio a quienes les fueran a compensar con su favor y cercanía .

El modo en que el problema de la creación de parentescos se planteó entre los miembros del recién creado Tribunal de Cuentas de Lima puede ser ilustrativo para aclarar el comportamiento del virrey. En principio las leyes equipararon, a estos efectos, a los magistrados de la Audiencia con los contadores del Tribunal. Así se desprende de una cédula que se le remitió en 1610 instándole a que investigara el establecimiento de vínculos familiares entre contadores y criollos . Al poco tiempo, el virrey confirmaba que dos de los tres contadores del tribunal, Alonso Martínez de Pastrana y Francisco López de Caravantes, se habían casado con mujeres criollas, el primero en Los Reyes y el segundo en Panamá. La mujer de Pastrana pertenecía al linaje de los Ribera y estaba por lo tanto emparentada con personajes principales del virreinato . El virrey reconocía que "sería más seguro para la administración de sus oficios el no estar travados con estas obligaciones" pero concluía que, a pesar de ello, no era necesario prohibir a los contadores, como a los oidores, el casarse en la tierra puesto que hasta el momento no se había derivado perjuicio alguno de estos matrimonios .

El monarca acogió la propuesta del virrey y se limitó entonces a prohibir que en adelante los miembros del Tribunal de Cuentas se casaran con personas emparentadas dentro del cuarto grado con oficiales reales del distrito donde ejercían sus oficios . El respaldo dado por el virrey a Pastrana y Caravantes en este asunto debe también entenderse en el contexto de las buenas relaciones que mantuvo con ambos contadores, puestas ya de relieve anteriormente .

¿Cómo debe entonces interpretarse la laxitud de Montesclaros para aplicar la legislación sobre parentescos y penar a oidores y contadores? Todo parace indicar que, aunque en teoría fue contrario a la creación de lazos de este tipo entre tales funcionarios y la elite criolla, en la práctica se mostró tan tolerante como la propia Corona, que &endash;como se ha visto- no sólo permitió la posibilidad de solicitar licencias de matrimonio, sino que fue bastante permisiva al concederlas .

Hay además otra razón fundamental que explica esta laxitud: Montesclaros fue el primero en vincularse indirectamente con la elite criolla a través del matrimonio de su sobrino, Rodrigo de Mendoza, con la criolla Elvira de Vargas Carvajal, perteneciente también al ilustre linaje de los Ribera . Aunque dicho matrimonio era legal, no cabe duda que abrió un importante campo de influencias. Prueba de este clientelismo es que el virrey promovió a distintos cargos administrativos y concedió diversas rentas a numerosas personas de esta familia .

 

La sustitución del clero regular por el secular en las doctrinas de indios

La actitud proclive a los intereses criollos que denota Montesclaros en materia de provisión de oficios y rentas así como en la cuestión de parentescos no es tan evidente para la sustitución del clero secular por el regular en las doctrinas de indios, sin embargo, por el interés del tema, parece oportuno detenerse en ello brevemente.

La autonomía con la que las órdenes religiosas funcionaron en los primeros momentos de la evangelización americana supuso el que, a medida que se fue consolidando la Iglesia indiana, los obispos trataran, con mayor o menor éxito, de imponer su autoridad sobre los religiosos privándoles de sus exenciones. El control de las doctrinas de indios fue un aspecto importante de esta pugna. Las doctrinas se había convertido en muchos casos en "cotos cerrados" de los frailes que dificultaban en lo posible la intervención del ordinario. La sustitución del clero regular por el secular en estas parroquias indígenas suponía, en definitiva, el que la jerarquía episcopal hiciera efectiva su autoridad sobre ellas: el paso del modelo de Iglesia misionera al modelo diocesano propugnado por el Concilio de Trento.

Según puso ya de relieve Lavallé, durante el siglo XVI y primer tercio del XVII esta discordia encubrió además en el Perú los primeros brotes de criollismo eclesiástico. La sustitución de regulares por seculares en las doctrinas no era sino un aspecto más de la reivindicación criolla acerca de la prelación en los oficios del virreinato, suscitada entre aquellos que aspiraban a abrirse paso en la Iglesia colonial. Suponía, en definitiva, la aparición de una primera generación de clero criollo que reaccionó ante el hecho de que las órdenes religiosas continuaran dominadas por los frailes peninsulares, que monopolizaban las doctrinas de indios. La secularización de doctrinas llevaba por lo tanto implícita una actitud criollista .

En estos términos se planteó la controversia durante el gobierno de Montesclaros. El entonces arzobispo de Lima, Bartolomé Lobo Guerrero, fue totalmente partidario de la secularización, convencido de que la atención de las doctrinas era una función propia del clero secular, delegada temporalmente en los religiosos por la falta de clero existente en los comienzos de la evangelización. Como consecuencia de ello, los religiosos debían retirarse a sus conventos, donde podrían vivir mejor sus votos, y dejar las doctrinas a los clérigos letrados que había en el virreinato. Además, entendía que el traspaso de las doctrinas de regulares a seculares contribuiría a alentar al clero criollo que se preparaba en el seminario, al ofrecerle nuevas posibilidades de obtener un beneficio eclesiástico. La postura de Lobo Guerrero se identifica con la que la jerarquía eclesiástica indiana defendió desde los concilios provinciales de México (1585) y Lima (1583), en los que se puso ya de manifiesto la voluntad de establecer el modelo de Iglesia tridentina . Junto a ello, es también evidente en el arzobispo la preocupación criollista por el futuro del clero peruano .

En su Memoria de gobierno, Montesclaros admitía que siempre que se había planteado la sustitución de regulares por seculares en las doctrinas de indios, había preferido no afrontar el asunto teniendo "por más tolerable la paciencia en los daños presentes que la espera o riesgo de los futuros" . Aunque en esta ocasión no descendía a detallar cuáles podrían ser esos daños futuros, a través de otro informe anterior, en el se mostraba totalmente partidario de la secularización, se puede deducir que para el virrey la principal dificultad era la falta de número suficiente de clérigos seculares preparados para sustituir a los regulares en las doctrinas. Es decir, temía asumir el riesgo de una política secularizadora sin plena garantía de éxito debido a la escasez de clero secular . La actitud de Montesclaros está en perfecta consonancia con la política de la Corona que, por esta misma razón, no acometió el traspaso de las doctrinas hasta mediados del siglo XVIII.

 

Conclusiones

La inclinación de Montesclaros a favorecer los intereses criollos queda puesta en evidencia en lo referente a la provisión de mercedes y oficios. En este caso le vemos asumir plenamente las reivindicaciones económicas criollas como consecuencia de su comprensión de la realidad social del virreinato y, en concreto, de los derechos alegados por quienes defendían su status de beneméritos. Por otro lado, su permisividad en materia de parentescos entre funcionarios indianos y familias criollas demuestra también como la cercanía a los problemas le llevó a justificar comportamientos de la elite criolla censurados desde la metrópoli. Finalmente, aunque su gobierno coincide con unos años en los que el controvertido tema de la secularización de doctrinas asume en el Perú reivindicaciones criollistas, nuestro virrey no apoyó en esta materia dichas pretensiones por considerar inviable la secularización en sí misma.

Esta rápida panorámica de la actitud del virrey hacia la elite criolla quedaría incompleta si no se menciona el hecho de que en despachos de Montesclaros se percibe también una crítica hacia la excesiva dependencia que los beneméritos mantenían de las concesiones reales, como consecuencia de no estar dispuestos a abandonar un tipo de vida señorial. Además censuró la facilidad con que este grupo, acostumbrado a intervenir en el gobierno peruano en momentos anteriores al afianzamiento de la autoridad virreinal, trataba todavía de mantener cierto poder político .

Esto último nos conduce a introducir una importante matización acerca de la actitud criollista de Montesclaros. El hecho de que el virrey asumiera en algunos momentos posturas favorables a los criollos no implica que respaldara todas sus aspiraciones. En concreto, nunca apoyó aquellas reivindicaciones que pudieran presentar indicios de cierta autonomía política. Como contrapartida, llevó a cabo una política restrictiva hacia las atribuciones políticas de los cabildos peruanos, principales órganos de representación criolla, plasmada en su tajante oposición al intento de los cabildos peruanos de convocar Cortes en el virreinato y en su flagrante injerencia en las elecciones municipales del municipio limeño.

 

----

1. Bernard LAVALLÉ, "Espacio y reivindicación criolla", en Las promesas ambiguas. Ensayos sobre el criollismo colonial en los Andes, Lima 1993, págs. 105.

2. Este autor ha demostrado que desde 1567 existen ya el Perú reivindicaciones propiamente criollas: Bernard LAVALLÉ, "Del espíritu colonial a la reivindicación criolla" en Las promesas ambiguas. Ensayos sobre el criollismo colonial en los Andes, Lima 1993, págs. 23-43.

3. José Mª MARILUZ URQUIJO, El agente de la administración pública en Indias, Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, Buenos Aires 1998, págs. 344-350.

4. La otra reivindicación fundamental de los criollos peruanos continuó siendo, según este autor, la perpetuidad en las encomiendas. Bernard LAVALLÉ, "Del espíritu colonial a la reivindicación criolla", op. cit. , págs. 29-35, 42.

5. "Relación del estado de gobierno de estos reinos que hace el Marqués de Montesclaros al Señor Príncipe de Esquilache, su sucesor", Chacra de Mansilla, 12.12.1615, publicada por Lewis HANKE y Celso RODRÍGUEZ, Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la Casa de Austria, vol. 281: Perú II, Madrid 1978, págs. 112-113.

6. Para la actitud de Montesclaros en materia de gratificaciones a criollos en rentas y encomiendas véase Pilar LATASA VASSALLO, Administración virreinal en el Perú: gobierno del marqués de Montesclaros (1607-1615), Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid 1997, págs. 294-321.

7. Carta de Montesclaros a S. M. Callao, 22.2.1609. AGI, Lima 35.

8. Lewis HANKE y Celso RODRÍGUEZ, Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la Casa de Austria, op. cit., pág. 89, dan referencia del memorial que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, fechado erróneamente en 1510: "Memorial de los pretensores que piden gratificación de sus servicios ante el señor marqués de Montesclaros". Tomo 4, año de 1610. Hecho por Diego Caballero. BN, Ms. 2.010, f. 144-157. (Probablemente el primero en dar noticia de este Memorial fue Silvio A. ZAVALA, La encomienda indiana, México 1992, págs. 947-948).

9. Además hemos localizado dos tomos anteriores en el Archivo del Duque del Infantado:

10. "Memorial de los pretensores que piden gratificaciones de sus servicios ante el Sr. Marqués de Montesclaros, virrey y lugarteniente del Rey Nuestro Señor y capitán general de estos Reynos y provincias del Perú". Tomo 3, año de 1608-9. Secretario Diego Caballero. ADI, nº 140.

11. "Memorial de los pretensores que piden gratificaciones de sus servicios ante el Sr. Marqués de Montesclaros, virrey y lugarteniente del Rey Nuestro Señor y capitán general de estos Reynos y provincias del Perú". Tomo 3, año de 1610. Secretario Gaspar Rodríguez de Castro. ADI, nº 139.

12. Todo parece indicar que existió por lo menos otro memorial de este tipo, que correspondería al año de 1608. Su borrador sería el de ADI, nº 138, doc.12.

13. Todos los memoriales siguen el mismo esquema: en primer lugar se especifica la petición del solicitante, en segundo lugar se enumeran sus méritos, en tercer lugar se hace constar si ha recibido gratificaciones anteriormente y, en último lugar, el secretario apunta qué "obligación en conciencia" existe de otorgar en cada caso el premio al que se aspira.

14. Sabemos que en 1609 el marqués de Montesclaros comisionó al oidor Arias de Ugarte para que recabara una información completa sobre las personas no residentes en el virreinato que disfrutaban de algún tipo de merced en él. "Carta del Dr. Arias de Ugarte con razón de las personas de Castilla que tienen por cédulas rentas en este Reino". 22.3.1609. ADI, nº 37, doc. 71 y 72.

15.Carta de Montesclaros a S. M. Callao, 30.3.1609. AGI, Lima 35.

16.Carta de Montesclaros a S. M. Gobierno BB. Lima, 7.4.1611. AGI, Lima 36.

17. Juan BROMLEY, Libros de cabildos de Lima, Concejo provincial de Lima, Lima 1942-1962, vol. XV, págs. 574-575.

18. Las razones alegadas eran: la conservación del Perú dependía en gran parte de los encomenderos, las encomiendas recogían a mucha gente ociosa de la tierra, los beneméritos velarían mejor por los indígenas, dejar las encomiendas en sus manos potenciaría la emigración al Perú de gente "lustrosa y noble" y, en último lugar, aunque los indígenas habían disminuido, había cada vez más beneméritos que premiar. Memorial del procurador de la ciudad de La Plata. Madrid, 17.III.1609. ADI, nº 131, doc. 101.

19. Carta de Montesclaros a S. M. Los Reyes, 10.10.1611. AGI, Lima 36. Existen dos copias de esta carta en la BN, Ms. 8.990, fs. 220v-223v y Ms. 19.521, fs. 54v-56.

20. JosÈ de la PUENTE BRUNKE,"Las ¥Tercias de encomiendas¥ en el virreinato del Perú: en torno a la polÌtica fiscal de la Corona en el siglo XVII", Revista de Indias, XLVIII, nº 182-183, Madrid 1988, p·gs. 194-195.

21. Era hijo de uno de sus predecesores: el virrey Conde de Villar.

22. R. C. de merced. Madrid, 25.2.1608 y Respuesta de Montesclaros, fechada el 4.4.1609. AGI, Lima 108.

23."Represión al virrey del Perú por no haber cumplido una cédula de V. M. en que hizo merced renta a D. Gerónimo de Portugal". Lerma, 24.4.1610. AGI, Indiferente 482, L. 4, fs. 199v-200.

24. Finalmente, el 10 de octubre de 1615 situó esta renta a D. Gerónimo de Portugal y Córdoba en los repartimientos de Pomacanche y Mulabalo. "Razón y cuenta de los repartimientos, situaciones y pensiones que el Señor Marqués de Montesclaros, virrey que fue de estos Reinos, encomendó a las personas aquí contenidas desde el 13 de agosto del año pasado de 1610 y lo que por las últimas retasas valen y rentan y lo que conforme a la Real Cédula de S. M. dada en Oñate a postrero de octubre de 1615 en que mandó que la tercia parte de dichas encomiendas se meta en la Real Caja para desempeño della a de quedar por su cuenta y lo que pertenece a encomenderos, y situados, en cada un año desde el día que se les hizo la merced". Los Reyes, 1.5.1616. AGI, Lima 37. fs. 92.

25. Estamos trabajando en un análisis comparativo de los "Memoriales de Pretensores" citados en la nota nº 8 y las concesiones de rentas y encomiendas hechas por Montesclaros que nos permitirá cuantificar las gratificaciones otorgadas por este virrey a los beneméritos.

26. "Mercedes concedidas por el virrey en nombre de S.M. sobre repartimientos de indios de este reino y los méritos de los que las han recibido". Callao de Lima, 31.3.1610. AGI, Lima 35 y copia en AGI, Lima 275, fs. 299-312v.

27. "como si esta Hacienda que aquí se distribuye fuera en otro nombre o de otro dueño o la vida de los virreyes perdida en el servicio de V. M. de menor precio que la de un particular". Carta de Montesclaros a S. M. Callao, 31.3.1610. AGI, Lima 35.

28. En su Memoria de gobierno aseguraba haber hecho todas las "instancias posibles" en favor de los peruanos. Relación de gobierno de Montesclaros, 12.12.1615, cit. nota nº 5.

29. Carta de Montesclaros, 10.10.1611, cit. nota nº 14.

30. Ibídem.

31. El Consejo de Indias se limitó a insistir en la conveniencia de pedir confirmaciones de las mercedes hechas por el virrey. R. C. a Montesclaros. Madrid, 12.12.1612. AGI, Lima 571, Lib. 17, f. 138. Copia en ADI, nº 30, doc. 7.

32. José de la PUENTE BRUNKE, Encomienda y encomenderos en el Perú. Estudio social y político de una institución colonial, Diputación Provincial de Sevilla, Sección Historia, Quinto Centenario del Descubrimiento de América, nº 14, Sevilla 1992, págs. 95-99.

33. Carta de Montesclaros a S. M. Callao, 31.3.1610.AGI, Lima 35.

34. Para los criados, allegados y familiares beneficiados con oficios por Montesclaros confróntese Pilar LATASA VASSALLO, Administración virreinal en el Perú: gobierno del marqués de Montesclaros (1607-1615), op. cit., págs. 155-162.

35. Sobre la ineficacia de las prohibiciones acerca de proveer los virreyes oficios en criados, parientes y allegados véase José Mª MARILUZ URQUIJO, El agente de la administración pública en Indias, op. cit., págs. 74-75.

36. Carta de Montesclaros a S. M. 30.4.1612. AGI, Lima 36.

37. R.C. del 14.V.1597 sobre cuyo cumplimiento insistía la despachada en 1609 al virrey Montesclaros, al arzobispo y al cabildo eclesiástico de Lima. El Pardo, 18.II.1609. AGI, Lima 570, Lib. 16, f. 307-308v.

38. "a sido de grande importancia para que los nacidos en ellos se aficionen a la virtud y letras en que estaban hasta aora descaedidos, tomando la falta de premio por escusa de su floxedad". Carta de Montesclaros a S. M. 31.3.1610. AGI, Lima 35.

39. Elocuente en este sentido es la apología que el arzobispo de Lima hacía de los descendientes de conquistadores y vecinos honrados del Perú que elegían la carrera eclesiástica para ocupar los beneficios de aquellas provincias. Lobo Guerrero se mostraba convencido de que "generalmente en estos reinos los criollos son de estremadas habilidades". Carta del arzobispo de Lima a S. M. Los Reyes, 16.5.1615. AGI, Lima 301.

40. Carta de Montesclaros a S. M. 30.4.1610. AGI, Lima 35.

41. Confróntese José Mª MARILUZ URQUIJO, El agente de la administración pública en Indias, op. cit., págs. 344-350.

42. Un ejemplo de estos estudios de parentesco, referido al virreinato peruano en la época de los Habsburgo, es el estudio de Pedro RODRÍGUEZ CRESPO, "Sobre parentescos de los oidores con los grupos superiores de la sociedad limeña a comienzos del siglo XVII", Mercurio Peruano, VII-X, 447-450, Lima 1964, pág. 49-61.

43. Carta de Montesclaros a S. M. sobre parentescos de los alcaldes del crimen de la Audiencia de Lima. Callao, 13.4.1608. AGI, Lima 36.

44.Ibídem.

45. Copia de una carta de Montesclaros a S. M sobre los miembros de la Audiencia. 29.3.1609. AGI, Lima 35. Publicada por Manuel MOREYRA Y PAZ SOLDÁN, "Introducción a documentos y cartas de la audiencia y el virrey Marqués de Montesclaros", Revista Histórica, XIX, Instituto Histórico del Perú, Lima 1952, págs. 239-243.

46. El monarca aprobó la solución moderada del virrey que, en nombre del rey, se limitó a reprender a los alcaldes. Copia de la carta escrita al Dr. de la Fuente, oidor de la Real Audiencia de Chile. 5.6.1609. AGI, Lima 35.

47. Tenía una familia numerosa y escasos recursos. Carta de Montesclaros a S. M. (autógrafa). 31.3.1610. AGI, Lima 35.

48. Se le concedió por cédula fechada en Madrid el 7.4.1612. AGI, Indiferente 482, Lib. 5, f. 66-66v.

49. "no queda oidor alcalde ni fiscal en toda la Audiencia que no este trabado con muchos deudos y obligaciones en el reino". Carta de Montesclaros a S. M. Callao, 1.3.1614. (autógrafa) AGI, Lima 36. Publicada con algunos errores de transcripción por Pedro RODRÍGUEZ CRESPO, "Sobre parentescos de los oidores con los grupos superiores de la sociedad limeña comienzos del siglo XVII", op. cit., págs. 59-61.

50. Caballero de Calatrava, a quien el virrey había nombrado para el gobierno de Santa Cruz de la Sierra

51.Juan de SOLÓRZANO PEREIRA, Política Indiana, (1647), Madrid 1972, Lib. V, cap. IX.

52. Carta de Montesclaros a S. M. Lima, 6.4.1614. Lima 36. Publicada por Pedro RODRÍGUEZ CRESPO, "Sobre parentescos de los oidores con los grupos superiores de la sociedad limeña comienzos del siglo XVII", op. cit., págs. 57-59.

53. R. C. a Montesclaros. San Martín de Rubiales, 17.4.1610. AGI, Lima 571, Lib. 17, f. 67-67v. ADI, nº 22, doc. 42.

54. Inés de Ribera, mujer de Pastrana, era hija y nieta respectivamente de Nicolás de Ribera "el Mozo" y Rafael de Ribera. Así lo comunicaba el propio contador al monarca en una carta en la que justificaba su matrimonio con esta persona en función de la necesidad que había tenido de establecerse en el Perú con "lustre", después de haber llegado sin hacienda ni "ayuda de costa", y con un salario muy corto. Carta de Alonso Martínez de Pastrana, contador del Tribunal de Cuentas, a S. M. Los Reyes, 22.4.1611. AGI, Lima 105.

55. Carta de Montesclaros a S. M. Gobierno CC. Lima, 12.4.1611. AGI, Lima 36.

56. R. C. a Montesclaros. Madrid, 24.12.1612. AGI, Indiferente, 428, Lib. 32, f. 264-264v. ADI,nº 30, doc. 4.

57. Montesclaros concedió una serie de oficios del virreinato a personas recomendadas con el contador Alonso Martínez de Pastrana, con quien mantuvo una excelente relación durante su gobierno. Por otro lado, Francisco López de Caravantes, autor de la Noticia General del Perú, fue un excepcional colaborador del virrey en las labores de recopilación legislativa y en otras importantes comisiones hacendísticas que Monstesclaros delegó en él. Confróntese Pilar LATASA VASSALLO, Administración virreinal en el Perú: gobierno del marqués de Montesclaros (1607-1615), op. cit., págs. 17-18, 164-167 y 328-329.

58. Las licencias para casamientos de estos ministros se concedieron en estos años con gran facilidad pero, al comprobar lo dañinas que resultaban se dio de nuevo marcha atrás y se endureció la postura prohibitiva. Juan de SOLÓRZANO PEREIRA, Política Indiana, (1647), Madrid 1972, Lib. V, cap. IX, nº 10.

59. José Mª MARILUZ URQUIJO, El agente de la administración pública en Indias, op. cit., pág. 347.

60. Elvira de Vargas y Carvajal era nieta de Nicolás de Ribera "el Viejo", uno de los conquistadores que entró con Francisco Pizarro y fue más tarde el primer alcalde de la ciudad de Lima. Su padre, Alonso Vargas Carvajal, era hijo de este ilustre conquistador y caballero de Alcántara, había sido gobernador de Cartagena y Popayán y almirante general en el Mar del Norte.

61. Baste recordar rápidamente el favor otorgado a José de Ribera, tío de Dña. Elvira, alcalde ordinario de Lima en los años 1610 y 1611, que fue después nombrado por Montesclaros corregidor de El Cercado y tesorero de la Caja de Los Reyes. Apoyó a otro tío de Dña. Elvira, Juan Dávalos de Ribera, para que fuera elegido alcalde ordinario de Lima en 1609. Le nombró después corregidor de Cañete en 1612. A Diego de Vargas Carvajal, caballero de Alcántara, hermano de Dña. Elvira, le dio el corregimiento de Cavana y Cavanilla, en el Collao y le nombró después gobernador de Castrovirreina. Posteriormente le proveyó en el corregimiento de Canas y Canches, uno de los más ricos en ingresos de cajas de comunidad. Además le recomendó para ocupar la presidencia de Panamá y le dio también el cargo honorífico de almirante general del puerto del Callao. A Bartolomé de Oznayo, casado con la hija de José de Ribera, prima de Dña. Elvira, le proveyó para el corregimiento de la ciudad de Arequipa con el mismo salario que los propietarios nombrados por el monarca. Después le despachó como visitador general de la provincia de Chucuito. Más tarde le nombró gobernador de este territorio. A Luis de Peralta casado con otra prima de Dña. Elvira le nombró corregidor de Arequipa.

62. Además de esto dio a Dña. Elvira el repartimento de Arina, por valor de 3.000 pesos y a Rodrigo de Mendoza el repartimiento de Ricollagua, en el distrito de la ciudad de Arequipa, en perjuicio de los derechos de otros pretensores. En 1614 concedió a un hermano de Dña. Elvira, el regidor Nicolás de Ribera, el repartimiento de Chimba, en Arequipa, por valor de 2.500 pesos de renta y a otro hermano, Diego de Vargas Carvajal, uno de 1.500 pesos ensayados de renta. Tal vez a su vinculación con los Ribera se deba también arbitraria concesión de una renta de 500 pesos ensayados en el repartimiento de Pomacanche, términos del Cuzco, a Juan de Pastrana y Ribera, de cinco años de edad, hijo del contador Alonso Martínez de Pastrana. No conviene olvidar que el contador estaba casado con Inés de Ribera. Pilar LATASA VASSALLO, Administración virreinal en el Perú: gobierno del marqués de Montesclaros (1607-1615), op. cit., págs. 161-162 y 316-319.

63. El problema se remonta a la bula "Omnímoda" concedida en 1522 por Adriano VI, que daba a los religiosos derecho de ejercer poderes de gobierno "cuasiepiscopales" en los territorios indianos donde aún no se hubiera implantado la jerarquía diocesana. Alberto de la HERA PEREZ CUESTA, Iglesia y Corona en la América española, Mapfre, Madrid 1992, pág. 58.

64. Bernard LAVALLÉ, "Evangelización y protocriollismo: la cuestión de las doctrinas de regulares en el siglo XVI", en Las promesas ambiguas. Ensayos sobre el criollismo colonial en los Andes, Lima 1993, págs. 63-77.

65. La conveniencia de la secularización de las doctrinas de indios será un tema candente durante todo el siglo XVII y primera mitad del XVIII hasta que en 1749 y 1753 Fernando VI decida ponerla definitivamente en práctica.

66. Carta de arzobispo de Lima a S. M. Los Reyes, 20.4.1611. AGI, Lima 301.

67. Carta del arzobispo de Lima a S. M. Los Reyes, 20.3.1614 y 16.5.1615. AGI, Lima 301.

68. "Información acerca de las doctrinas de los indios de este arzobispado de Lima y de los religiosos doctrineros de ellas." 17.2.1614. AGI, Lima 301.

69. Relación del gobierno de Montesclaros, 12.12.1615, cit. nota nº 5, pág. 100.

70. "Los buenos efectos que las religiones han hecho en la doctrina espiritual de los indios de que V.M. ha sido informado tantas veces, me excusa de representar la importancia de su conservación por todo tiempo que no se hallare número suficiente de clérigos para este ministerio, pues si se alterase el estado que tienen, sería forzoso restituirlos mañana en lo que les quitamos hoy, de que resultaría hacerse mas presumidos en eso mismo de que se les acusa, si conociesen que la necesidad obliga a V.M. y a sus ministros a disimularles lo que tanto pide enmienda; pero cuando esta falta se pudiese suplir, mi parecer seria que pues no importa menos su reformación que su conservación, se redujesen a forma monástica de comunidad y coro, sin andar tan desparramados en negocios seglares, con que se juzga por impusible la observancia regular a que están obligados por su profesión." Advertimientos de algunos puntos sobre el gobierno de la Nueva España quel marqués de Montesclaros envió a S.M. cuando dejó el ser virrey de aquel reino. Acapulco, 2.8.1607. BN, Ms 2.816, f. 236-243.

71. Carta de Montesclaros a S. M. sobre la visita general. Callao, 10.3.1609. AGI, Lima 35.